pagina principal ESPAÑA PINTORESCA: LOS BAÑOS DE FUEN-CALIENTE

"SEMANARIO PINTORESCO ESPAÑOL"
Nº 20. AÑO 1844

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Los baños de Fuen-caliente

Si la península ibérica es abundante y rica en aguas minerales, pocos territorios de ella presentarán tanto número como el campo de Calatrava, situado en aquel país que se conoce con el nombre de Mancha. A legua y media al S. de Mestanza se halla el manantial llamado de las Tiñosas, que es muy copioso; en la Calzada de Calatrava, a un cuarto de legua al N. de la población, hay una fuente que solo está mineralizada por el ácido carbónico; otra igual a ésta se encuentra en Granátula; en el término de Almagro se halla la nombrada de la Nava, muy conocida de tiempo antigua; a media legua de Aldea del Rey, está la fuente llamada del Diezgo, etc.; pero entre todas esta aguas sobresalen las de Puerto-llano, las de los Hervideros de la Fuensanta, y las de Fuen-caliente, de las cuales vamos a dar una ligera noticia.

La villa de Fuen-caliente está situada en el confín S. de la provincia de Ciudad Real, limítrofe de la de Córdoba y partido de Montoro. Yace en las entrañas de Sierra Morena, y en medio de sus más incultas asperezas, a los 38º 29´y 9´´ de latitud septentrional, y a los 12 y 28 de longitud oriental de la isla del Hierro. Ocupa la mesa que se forma al pie de un escarpado cerro de piedra, de unos 100 pies de elevación, llamado la Sierrezuela, desde cuya mesa se prolonga un largo recuesto poblado de pequeños huertos hasta la margen derecha del río de la Yegua; y por uno y otro lado se extienden las casas que se van elevando arrimadas a otros dos cerros. Tal es la situación de esta humilde villa, que debe, no solo su nombre, sino también su origen, a las aguas termales que brotan en su recinto.

Yermo e inculto el territorio de Fuen-caliente no era hollado mas que de animales montaraces, y de algunos viajantes que transitaban por el camino, que atravesando aquel desierto ponía en comunicación por allí a Castilla con Andalucía, cuando dos soldados de Cabezas-Rubias, según tradición, habiéndose bañado en estas aguas, que eran entonces unas charcas, buscando el remedio de una sarna que padecían, y teniendo alivio, lo contaron en su aldea; cuyos vecinos fueron al sitio del manantial, y reconocido el terreno, hallaron en la espesura al lado de las aguas la imagen de Ntra. Sra. a la que dieron el nombre de los Baños y le labraron una ermita para su culto.

Este suceso debió ocurrir a principios del siglo XIV, pues el año 1369 ya se halla pertenecer la ermita a la Orden de Calatrava; y así el año 1314 en que algunos han dicho, con equivocación, que tuvo principio la villa, debió ser el de la fundación del santuario. La población no tuvo principio hasta después de dicho año de 1369 en que muerto el rey D. Pedro a manos de su hermano D. Enrique en el campo de Montiel, Don Pedro Muñiz de Godoy, natural de Córdoba, que ya se titulaba Maestre de Calatrava, tomó posesión del Maestrazgo en el convento de esta Orden y de allí se dirigió a Carmona con algunos caballeros tras el rey D. Enrique cuyo bando había seguido en la guerra contra su hermano; en este viaje, dice Rades de Andrada en su crónica de Calatrava, "pasó por una muy devota ermita de esta orden, que estaba en Sierra Morena y se decía Sta. María de los Baños, o de la Fuen-calda, y agora es iglesia y se dice de la Fuen-caliente. Estaba allí un fraile clérigo de esta Orden que se decía Fray Benito Sánchez, el cuál pidió al maestre licencia para dar a poblar el término de aquella ermita. El maestre por devoción que tuvo a la ermita, y afición al fraile, diole esta licencia y privilegio para los pobladores que allí viniesen, y los que después de ellos viniesen allí, fuesen libres y francos de todo pecho y tributo para siempre. Ítem dio facultad al prior o fraile de aquella ermita y a sus sucesores para dar solares y repartir términos a los pobladores, y le concedió que los diezmos de cualquier frutos de aquellos términos fuesen del prior de aquella ermita y sus sucesores, y que él y ellos tengan poder para poner justicia y regimiento en el pueblo. Luego fueron pobladores y poblaron junto a la ermita un lugar que hoy se dice Fuen-caliente". Esta relación manifiesta claramente que no se fundó la villa hasta el año 1369.

Estuvo sujeta a la villa de Almagro hasta 1566, y después a Almodóvar del Campo, hasta que el rey D. Felipe por cédula fecha en Madrid a 26 de Noviembre de 1594, la apartó con su aldea de Ventillas del partido y gobernación de Almodóvar, volviéndola a sujetar a Almagro. En 1591, el Licenciado Nicolás de Chaves, había dado posesión a la villa de la jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero y mixto imperio de que le había hecho gracia S. M. y por lo cual le había servido con 724.500 mrs.

Consta la población de trece calles y una plaza bastante capaz, y la habitan 400 vecinos. Su iglesia parroquial está situada casi en el medio del pueblo y fue construida habiendo demolido la antigua, por los años de 1710.

Linda el término de esta villa por el N. con los de Mestanza y Puertollano, a dos leguas; O. con Almodóvar del Campo, a una; por el E. con el de Andújar (Jaén) a media; y finalmente al S. con el de Montoro, a una.

La mayor parte del término es montuosa y estéril, pero tiene buenas arboledas de robles y quejigos que surten de madera a las minas de Almaden, y pudiera tener buenos encinares, si en vez de continuar la plantación de este utilísimo árbol, como principiaron en 1804, no hubieran cortado las que ya había. El número de olivos llegará a unos 10000 entre los que dan fruto y no le dan todavía. Cría otros varios árboles, arbustos y plantas medicinales. Produce trigo, cebada, centeno, y muy poca cantidad de semillas y legumbres, alguna hortaliza y frutas. Posee mucho ganado cabrío, poco vacuno, menos lanar y de cerda, y mantiene de 1200 a 1400 colmenas de exquisita miel. Pero en su territorio, como el más a propósito por su naturaleza, abunda sobre todo el reino animal, hallándose en él toda especie de caza mayor y menor.

Se encuentran varias antiguas minas de galena argentífera, especialmente una llamada Romana el sitio nombrado valle de las Torcas y no ha mucho se formó una sociedad para beneficiarla. Pero de lo que le terreno da más muestras es de contener minerales de hierro y de cobre hallándose frecuentes escorias que denotan la antigua explotación que se hizo en este territorio.

Si los romanos se aprovecharon de su riqueza mineral, como no es improbable, no ha quedado vestigio ni memoria alguna de esta nación; pero si se hallan monumentos que fundadamente se pueden atribuir a otra que aportó a nuestra península con el fin de disfrutar de sus riquezas antes que los Romanos la hicieran provincia de su imperio. Hablamos de los Fenicios, que tanto se aprovecharon de las ricas producciones y metales de nuestro país. El laborioso y erudito escritor D. Fernando López de Cárdenas, cura párroco de Montoro, con el objeto de recoger sustancias minerales y otras curiosidades para el Gabinete de Historia Natural de Madrid, para lo cual estaba comisionado por el conde de Floridablanca, reconoció el 26 de Mayo de 1783 varios lucos situados en este término y paraje nombrado, por lo que después se verá, Piedra escrita junto al arroyo de las piedras y orillas del río de los Batanes.

Estos lucos de Fuen-caliente son unas cuevas piramidales, abiertas en matriz viva de pedernal, en los cuales se hallan figurados con tinta encarnada bituminosa, símbolos, jeroglíficos y figuras que no se corresponden a los alfabetos hasta ahora conocidos. Es tan rara esta memoria de la antigüedad gentilicia, que con dificultad se hallará otra de la misma especie. Pasan de 80 estas figuras y se encuentran en dos sitios , al pie de la sierra de Quintana, distante cerca de una legua de Fuen-caliente.

El primer sitio está más allá del arroyo de los Batanes, mirando a Oriente. Se ve tajada toda la falda del peñasco y sierra a pico, dejando una fachada o frente en que cortaron dos cuevas como pirámides contigua una a otra, de poco mas de una vara y media de alto, y cubiertas con las peñas de las montañas, que es pedernal. A los lados de las dos cuevas, hay dos caras hechas con pico y de propósito afinadas con aceros, como las superficies de las cuevas; y en todas sus caras que son seis, se hallan los caracteres, símbolos y jeroglíficos que hemos mencionado, trazados con la tinta indicada. La especie de atrio, que está delante de estas cuevas, se ve defendido con las piedras que de allí se cortaron y forman valla al sitio, juntamente con muchos arboles y arbustos.

La segunda piedra, que dista de la primera como un cuarto de legua, y está situada a la orilla del arroyo de los Batanes, junto a una cascada que allí se forma, presenta otros jeroglíficos y figuras en dos caras de la misma piedra, que se halla al descubierto y por esto alterados los jeroglíficos, a lo que también ha contribuido el humo del fuego que se conoce haberse hecho delante de la piedra. La roca, que es de pedernal muy fino y compacto, está cortada con acero, haciendo un frontispicio de más de seis varas de alto y otras tantas de ancho, en el cual se ven dos cuevas contiguas, hechas a pico, asperonadas, de forma piramidal como las anteriores, siendo su profundidad en la peña de una vara y su altura de una y media. En estas dos cuevas se hallan señalados con la tinta que hemos referido, el sol y la luna, con diversas figuras jeroglíficas, que se conservan muy bien a pesar de los años.

Don Fernando López de Cárdenas, trataba de sacar entera una de estas piedras escritas para mandarla al Gabinete de Historia Natural, con cuyo objeto se la había pedido el Conde de Florida-Blanca; pero no pudo sacar mas que una parte de la segunda, por ser más blanda que la primera, como de media vara con cuatro de sus caracteres, y sobre ellos la figura de un sistro. De otra piedra dieron después noticia al Sr. Cárdenas, en que se hallaba una imagen pequeña, de color rojo, con otras figuras, que parece no llegó a examinar.

Es de presumir que los Fenicios, que no hicieron establecimientos en España con otro fin que el de aprovechar sus ricos productos y señaladamente sus minas, o los Cartagineses sus descendientes, que hicieron asiento en Cástulo no lejos de Fuen-caliente, por no tener establecimiento fijo en el territorio que hoy pertenece a esta villa, construyeron algunas habitaciones provisionales para atender al laboreo de las minas; y a fin de dar allí culto a sus divinidades, hicieron lucos donde las colocaban y ofrecían sacrificios.

Mas habiendo de hablar de las aguas termales, que es lo más importante que ofrece esta villa, decimos que, sin duda considerando a la Virgen como protectora de los baños, labraron su iglesia de forma que el agua del manantial caliente nace a borbollones en la parte inferior del templo, y de aquí es conducida pasando por el altar mayor a la alberca, que está debajo del camarín. El nacimiento del agua del baño templado está fuera del muro de la iglesia: mas para ir a su depósito pasa por debajo de ella. En éste entran dos caños, el frío es el antiguo; el caliente se le introdujo en 1830. Donde cae el agua del caño caliente, esta el agua del baño fresco cuyo conducto va por bajo del suelo al templado.

La temperatura del manantial es constante, pero varía, como se infiere de lo dicho, en cada uno de los baños. En el nacimiento tiene el caliente 32 grados de R. y en el baño 30 y ½; el templado 30 y el fresco 29.

En el manantial, el color de las aguas es algo zarco; pero si se examinan en un vaso de cristal aparecen claras y transparentes. Carecen de olor, y su sabor es ligeramente agrio. Son suaves al tacto y desprenden algunas burbujas. Sirven para la vegetación, y así es que son empleadas por los naturales en regar sus huertezuelos, aprovechando el agua que es derramada cuando, como se ejecuta diariamente, se limpian los baños para lo que tienen establecido cierto turno. Alteran el color de las ropas que se sumergen en ellas; dándolas el de mahón oscuro. Su peso específico es algo mayor que el del agua destilada; pero su gravedad se aumenta algún tanto después que han estado un breve tiempo expuestas al contacto del aire. En los registros y depósitos deposita el agua un sedimento craso y untoso, que no se halla en los baños a causa de la frecuencia con que se limpian, lo que no se hace con aquellos.

Esta aguas enrojecen, aunque débilmente, la tintura de tornasol y de violetas, se ennegrece con la tintura de agallas, forman un precipitado blanco con la disolución de cal, etc. Dejada enfriar, a proporción que pierde el calor con que nace y obra en ellas el aire atmosférico, se altera su transparencia, y da un precipitado de un color blanco sucio que tira a amarillo, cuyo fenómeno se produce con más prontitud si se hierve el agua; en cualquiera de los dos casos, separado por un filtro el precipitado que se posa, presenta los caracteres del carbonato de hierro; y así de solo estas operaciones resulta la presencia en el agua de aquella sal neutra y del gas ácido carbónico, que es el agente que la mantiene en disolución. La misma agua en que se ha efectuado el anterior procedimiento, no altera las disoluciones de cal ni la tintura de agallas; pero enrojece, aunque más débilmente, las tinturas vegetales, los que demuestra la existencia de uno o más ácidos menos volátiles que el carbónico, los que como se deduce de otros fenómenos, son el sulfúrico y el hidroclórico. En fin, de los análisis, sino exactos aproximados de estas aguas, resulta que sus mineralizadores volátiles y fijos son los ácidos carbónico, sulfúrico, el hidroclórico, el hierro, la cal, la alúmina y la sosa.

Pertenecen pues las aguas de Fuencaliente a la clase de las ferruginosas, o sea según otra más escrupulosa clasificación, a las de las acidulo-salino-ferreo-sulfatadas.

Son útiles estas aguas en el asma que se llama húmedo, cardialgias, pleurodinias y gastrodinias, dispeptias, hipocondría, y en todos los casos de inacción de las membranas mucosas gastro-intestinales y de los órganos secretores hepático y pancreático; en las obstrucciones del hígado y bazo, en la hepatalgia y en la nefralgia; en las leucorreas pasivas, o en las que consisten en una pura hiperdiacrisis; en las clorocis infebriles sin extenuación; en las retenciones y desarreglos menstruales por causas debilitantes; en los tumores edematosos, hidropesias incipientes sin lesión particular de ninguna víscera, en los infartos linfáticos, escrófulas, etc.; en los cólicos que se reproducen con frecuencia, reumas crónicos, artritis, ceática, etc.; en las afecciones psoriásicas y herpéticas, y finalmente en varias dolencias producidas por la supresión de la transpiración. Tomadas en bebida reaniman las propiedades vitales del aparato gástrico, cuyo efecto se transmite a la economía, y por consiguiente aumentan el apetito, aceleran las digestiones, disuelven las materias contenidas en el tubo intestinal, promueven la evacuación de la bilis excedente, la expulsión de las materias fecales y de la orina, y finalmente abundantes sudores cuando se toman a su natural temperatura.

Aunque es mucho lo que pudiéramos decir relativo a la topografía de esta villa y a sus aguas minerales, y lo omitimos por no traspasar los regulares límites de un artículo, no podemos menos que impugnar una preocupación que se tiene con respeto a estas aguas, la cual no habiéndose limitado al vulgo, aun ha sido recibida sin examen por algunos facultativos; ésta es, que las agua de Fuen-caliente son perniciosas a los que padecen afecciones venéreas, sin embargo que una larga experiencia ha manifestado lo infundado de esta persuasión. En el último tercio del siglo pasado no era seguida tal opinión entre las personas de alguna instrucción y criterio, pues como hemos tenido ocasión de ver, en algunos papeles del curioso y erudito Don Fernando López de Cárdenas, ya citado arriba, se halla consignado lo siguiente: "dicese que no aprovecha (el agua de Fuencaliente) en las enfermedades producidas por humores calientes o del venéreo; esto segundo lo ha falsificado la experiencia." En la actualidad son muchas las personas del pueblo que en varios tiempos han visto hacer uso de estas aguas a sujetos afectos de sífilis, no precisamente por curarse esta enfermedad, sino alguna otra que al mismo tiempo padecían; y ya que en ellas no tuviesen alivio, al menos no han experimentado los funestos efectos con que hasta los médicos intimidan a los enfermos.

Si la experiencia milita contra esta aserción, también la razón está contra ella, y siendo varias las que pudiéramos aducir, nos limitamos a la siguiente. Algunas aguas minerales de las de la clase de esta villa, o muy análogas a ellas, lejos de ser perjudiciales se usan con buen efecto en las afecciones venéreas. Tales son, por ejemplo, las de Busot, situadas en la jurisdicción de la villa de este nombre, cuya temperatura al salir es de 32 a 33 grados de R. y cuyos mineralizadores son el sulfato de cal, el de magnesia, y el muriato de magnesia. En igual caso se hallan las de Archena, como dice en su poema titulado Thermae Archenicae Don Ignacio Ruiz de Ayala, cuyos versos traducidos son los siguientes:

A Archena busque el que de Venus vaga	
Soltó la rienda a ilícitos amores, 
Y halló su premio o en la acerba llaga, 
O en horrenda hichazón, o en mil dolores,
Indicios de su doble desventura
Que vuelven el placer en amargura.

Y siendo estas aguas muy útiles y benéficas a los que padecen tan cruel enfermedad ¿solo las de Fuen-caliente han de tener el triste privilegio de ser funestas y aun mortíferas, a los que sean afectos, por poco que sea, de la misma dolencia?

Es crecido el número de bañantes que concurren a estas saludables aguas desde principios de primavera hasta mediado Otoño, no solo de la misma provincia de Ciudad Real y de las limítrofes de Extremadura, Jaén y Córdoba, sino también de alguna más distante; y sin embargo, aunque en el día se hallen mejores albergues que en tiempos antiguos, todavía no son como debieran, ni el pueblo está tan surtido como sería de desear, faltando aun los artículos más necesarios. !Cuando llegará el tiempo en que los establecimientos de aguas minerales, ya parte del gobierno, ya de los pueblos y particulares, se vean tan bien montados como se hallan en otras naciones!

LUIS MARÍA RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA


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