SEMANARIO PINTORESCO ESPAÑOL
nº 31 / AGOSTO 1846

 

TEMPLO FENICIO Y GEROGLIFICOS DE FUENCALIENTE

 

 

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"Entre las antigüedades que nos restan de los Fenicios, son dignas de una particular atención las grutas de Fuencaliente, población de Sierra Morena, muy conocida por sus baños termales. Están situadas estas curiosas grutas en la Sierra de Quintana á una legua de la villa mas allá del río de los Batanes a la parte de Oriente. El terreno es sumamente áspero y fragoso, se crían con abundancia en él cabras monteses. Toda la falda de una parte de la montaña, que es de pedernal fino, se ve cortada formando un frontispicio de seis varas de alto y otra tantas de ancho. En esta fachada existen abiertas y afinadas con acero dos pequeñas cuevas en forma de pirámide, su altura será de vara y media, y su entrada por lo mas ancho de una. Con el corte del peñasco dejaron llana y desembarazada aquella, parte del terreno, formando un pequeño atrio al que sirve de valla o cerca las piedras cortadas juntamente con una porción de enebros, alcornoques y árboles silvestres que hacen poco accesible aquel sitio.

En las paredes de estas cuevas están escritos con tinta de rúbrica bituminosa caracteres desconocidos en los alfabetos antiguos, y geroglíficos, que á pesar del tiempo se conservan frescos y hermosos.

A un cuarto de legua de aquí, a orillas del río de los Batanes y en la parte que este forma una cascada, se encuentra un peñasco de pedernal, aunque no muy fino, que tiene cortada a pico su fachada. Está enteramente al descubierto y sin amparo alguno á la parte del norte por donde corre el río, formando un cuadrilongo de seis varas de alto y seis de ancho. Pusieron también en él varios geroglíficos, los de la parte superior están escritos con tinta negra, y los de la inferior con encarnada. Como están a la intemperie, las aguas, á pesar del betún han lavado bastante la tinta y los caracteres y geroglíficos han quedado confusos y casi borrados en algunas partes; también puede haber contribuido el humo del fuego que se conoce haber habido al pié del peñasco.

Estos geroglíficos están escritos en la segunda cueva en tinta encarnada en las paredes de la derecha é izquierda. En el centro hay tres figuras al parecer de una muger de cuerpo entero, otra de medio cuerpo, y una cara tan mal delineadas que parecen mamarrachos pintados por un niño.

El sitio en que están las cuevas, era sin duda alguna un templo Fenicio, según le suelen describir los historiadores antiguos. Masdeu refiriéndose á estos dice: Que los templos principales de los Fenicios eran bosques cerrados de una muralla sin techo y descubiertos para permitir libertad á la vista, y poder levantar los ojos al cielo en tiempo de sus oraciones. En estos recintos había mesas y altares, y para el uso de los sacrificios se conservaba el fuego perenne, elemento adorado por estos como cosa mas semejante á la divinidad. Los Fenicios adoraban á la mayor parte de dioses, á quienes tributaban culto los egipcios. Es verosímil tomasen de estos los símbolos o geroglíficos que se ven escritos en aquéllos peñascos. Es pues en nuestra opinión aquel sitio el punto en que los mineros Fenicios se reunían á tributar adoración á sus dioses.

La abundancia de minas que hay en aquella sierra, los vestigios que allí existen de haber sido esplotados en tiempos muy remotos, nos hacen creer que los Fenicios de las ciudades de Cartulo é Ilitergi, poblaciones que existían no muy distantes de aquel sitio, tendrían establecimientos en la sierra para beneficiarlos, y dispondrían aquel sitio en la forma que aun conserva para reunirse á dar adoración á las divinidades á quienes le tributaban.

Los historiadores antiguos cuentan, que los Fenicios cartagineses y romanos beneficiaron las minas de los montes morianos, esta es una prueba de lo que referimos.

Don Fernando José López de Cárdenas, cura de Montoro, comisionado en 1783 para formar en Andalucía una colección de historia natural y antigüedades con destino al real gabinete, descubrió en mayo del mismo año estas antigüedades. De su reconocimiento dio cuenta al conde de Floridablanca, haciendo una prolija descrición, y manifestando que en su juicio aquel sitio es el Luco de quien hablan los libros sagrados del Paralipomenon, y de los reyes y algunos escritores profanos. Esta es su opinión: que después de lo que hemos dicho no creemos necesario ocuparnos de refutar. Floridablanca, deseoso de enriquecer el gabinete de historia natural, le escribió la carta que en honor á aquel digno y sábio ministro transcribimos:

"Contesto á las tres cartas de V. de 16 de abril, 26 de mayo y 12 de junio de este año, diciendo quedo enterado de cuanto en ellas me manifiesta acerca de las propiedades de las aguas de Anguijuela y Fuencaliente, y del hallazgo de las dos piedras al pié de la Sierra de Quintana, con geroglíficos escritos en tinta de rúbrica, cuyos caracteres no se hallan en los alfabetos antiguos y que me parece bien que haya V. hecho quitar parte de una de dichas piedras para remitirla al gabinete con otras curiosidades. Pero como este descubrimiento es tan raro, quisiera tener en el gabinete una de dichas piedras entera, si pudiese aserrarse sin mucho trabajo y coste y que V. dispusiese una relacion sucinta de este asunto, describiendo el lugar, la figura de la cueva, las piedras y símbolos, y que por conclusion tuviese el juicio que podrá formarse de haber sido Luco. Lo que participo á V. E. San Ildefonso á 1º de agosto de 1783.—El conde de Floridablanca.»

No fué posible aserrar ninguno de estos peñascos por su dureza, no siendo esta la menor dificultad sino su traslacion por sitios enteramente intransitables. No quedaron, pues, satisfechos los justos deseos del ministro, habiendo de contentarse con un pedazo de piedra del peñasco que está á orillas del rio, que por no ser de pedernal muy fino pudo arrancarse; tendrá media vara, y cuatro figuritas; debe existir en el gabinete de historia natural. Entre estos cuatro caracteres hay uno que parece de alfabeto antiguo.

No hemos visto, por mas que lo hemos procurado, la Memoria que en virtud de la órden que hemos copiado debió escribir el señor Cárdenas, para examinar los fundamentos de su opinion acerca de ser este sitio el Luco de que habla la Sagrada Escritura. Sin embargo, creemos no nos haria variar de la que dejamos sentada."

(Artículo sin firma)